
Vehículos por delante, por detrás, por todos
los lados, cruces, semáforos, un apelotonamiento de camiones, autobuses,
motocicletas, ciclistas y peatones.
Basta un instante de despiste y ya es
inevitable una colisión. Tres cuartas partes de todos los accidentes con
lesionados ocurren dentro de las poblaciones con hasta una velocidad de 30
km/h. Estadísticas de accidentes han dado como resultado que en aprox. un 12 %
de todos los accidentes de automóviles se frenó muy vacilantemente y en aprox.
un 50 % ni siquiera eso.
Un sensor óptico equipado con
infrarrojos vigila el espacio existente delante del vehículo hasta diez metros
de distancia. El sensor está instalado detrás del parabrisas a la altura del
sensor de lluvia y del espejo retrovisor interior. La electrónica del
sensor calcula la distancia hasta un posible vehículo delantero.

Bosch
afirma que la tercera parte de los conductores que se vieron involucrados en un accidente no aplicaron el máximo de la potencia de
frenado de su vehículo: levantaron el pie o no pisaron lo suficiente.
Esto se mitiga con un dispositivo
llamado asistente a la frenada de emergencia, que comercialmente tiene las
siglas AFU, BA, EBA, HBA, MBA, SAFE, etc. Si se detecta una frenada súbita,
aplica máxima fuerza de frenado aún si el conductor levanta ligeramente el pie
del pedal del freno.
Se introdujo por primera vez en la
Clase S (W 140) de Mercedes-Benz en 1996. Hasta hace poco, múltiples modelos
del mercado lo instalaban, pero ya es obligatorio dentro de la Unión Europea
para todos los turismos y vehículos comerciales ligeros. Benditas imposiciones
comunitarias… como la del ABS, y próximamente el ESP también.

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